domingo, 7 de octubre de 2018

EL DILUVIO UNIVERSAL

PRIMERA ENTREGA.
EL DILUVIO UNIVERSAL, HISTORIA REAL TRANSMITIDA POR TRADICION ORAL DE LA HUMANIDAD.
NOS DEJO CIUDADES SUMERGIDAS EN TODA LA CUENCA DEL OCÉANO ATLÁNTICO Y EN EL MEDITERRÁNEO, ADEMÁS DE LA PÉRDIDA DE UNA CIVILIZACIÓN TAN AVANZADA COMO LA ACTUAL.
Estas imágenes son obtenidas de Google earth, al suprimir los mares; queda solo la plataforma submarina expuesta.
La gran pregunta, las imágenes de Google Earth de la plataforma submarina, son reales?
Esta pregunta la deben responder lo operadores y responsables de Google Earth.
Entre los 12.000 y 9.000 años A.C., al final de la era cuaternaria no existía el mar Mediterráneo, en este espacio estaba ubicada  la Tierra Media, un gran valle profundo, limitado por el sur con las llanuras Saharianas de  África;  una temperatura media cercana a los 30° C,  al final de la era cuaternaria,  surcado por grandes ríos que descendían de los glaciares del centro de Europa y desembocando al lago situado al sur del Peloponeso, con una profundidad actual mayor a 5000 metros, alrededor de este  lago de agua dulce se desarrollaron las grandes ciudades de la tierra media, habitada por millones de personas con un alto desarrollo intelectual, científico y tecnológico, que desaparecieron luego del paso de las aguas del océano atlántico a través del valle de Gibraltar, ruptura de las columnas de Hércules, citadas en los Diálogos de Platón.
Descrita en los diálogos de Timeo y Critias, textos del filósofo griego  Platón.
En dichos diálogos, la isla Atlántida aparece como una potencia militar que existió nueve mil años antes de la época del legislador ateniense Solón, quien es la fuente del relato. Esta isla estaba ubicada más allá de las Columnas de Hércules y es descrita como más grande que Libia y Asia juntas.



El poderío de la Atlántida fue tal que llegó a dominar el occidente de Europa y el norte del África, hasta ser detenida por la ciudad de Atenas. En ese mismo momento una catástrofe, que no se describe, hizo desaparecer a la vez la isla y los ejércitos rivales, «en un solo día y una noche terrible». El mar donde estuviera la Atlántida se tornó innavegable a causa de los bajíos, en tanto que Atenas y los pueblos de Grecia olvidaron el suceso, pues sólo unos pocos sobrevivieron. En Egipto, en cambio, por estar ubicado en zona con mayor altitud sobre el nivel del mar, se preservó el recuerdo que, miles de años más tarde, llegó a conocimiento de Solón y, a partir de sus relatos y un manuscrito, a Critias, el narrador.








CIUDAD SUMERGIDA EN GRECIA
Localización: Fondo del golfo de Corinto
Ubicada entre Grecia y la península del Peloponeso.
Se observan imágenes con ángulos rectos y curvas trazadas de manera geométrica las cuales tienen la apariencia de una gran ciudad o pistas de un gran aeropuerto antiguo, no hay reporte de dichas imágenes en la literatura





CIUDAD SUMERGIDA NORTE DE AFRICA
Localización: norte de Bengasi (Libia), 
Ubicada al norte de Herodotus seamount.
Se observan imágenes con ángulos rectos trazadas de manera geométrica las cuales tienen la apariencia de una gran ciudad, no hay reporte de dichas imágenes en la literatura.



















CIUDAD MEDITERRANEA SUMERGIDA NORTE DE AFRICA
Localización: Norte de Marsa Matruh (Egipto), 
Ubicada al centro del Mediterráneo en una línea recta desde Creta Hasta Alejandría.
Se observan imágenes con ángulos rectos trazadas de manera geométrica las cuales tienen la apariencia de una gran ciudad no hay reporte de dichas imágenes en la literatura.





En la parte superior izquierda de la imagen, se observan imágenes tipo gran vía,  la que apunta al norte llega hasta ciudad ubicada en la plataforma continental en Creta (Minoico), la que apunta al Oeste llega hasta la Ciudad ubicada al norte de Bengasi (Libia)





CIUDAD MEDITERRANEA SUMERGIDA AL ESTE DE SICILIA

Localización: Este de Sicilia (Italia), 
Ubicada al centro del Mediterráneo en una línea recta desde Bengasi (Libia) Hasta Sicilia (Italia).
Se observan imágenes con ángulos rectos trazadas de manera geométrica las cuales tienen la apariencia de una gran ciudad no hay reporte de dichas imágenes en la literatura.





CIUDAD MEDITERRANEA SUMERGIDA NORTE DE AFRICA
Localización: Norte de Alejandría  (Egipto), 
Ubicada en la plataforma continental muy cerca de la ciudad de Alejandría.
Se observan imágenes con ángulos rectos trazadas de manera geométrica las cuales tienen la apariencia de una gran ciudad no hay reporte de dichas imágenes en la literatura.













GRAN AUTOPISTA  MEDITERRANEA DE 12 CARRILES SUMERGIDA. 
Localización: Centro del Mediterráneo. 
Ubicada desde Gibraltar hasta Sicilia.
Se observan imágenes trazadas de manera geométrica, con líneas rectas y pequeñas desviaciones angulares, no hay reporte de dichas imágenes en la literatura.









CARLOS MARIO PEREIRA YEPES
C.C. 71.020.316
MEDELLIN - COLOMBIA

jueves, 4 de octubre de 2018

LA MUERTE DEL MACHO GALLINAZO, BARBARIE Y MALTRATO ANIMAL DE PRINCIPIO A FIN




A la edad de 9 años, participé en el sacrificio del macho Gallinazo.

En la vida nos enfrentamos a circunstancias que no se pueden evadir, por consideración con un animal trabajador y noble, que a causa del maltrato animal sufrió severo trauma, para evitarle mayor dolor, tuvimos que sacrificarlo; papá  nos encomendó a Francisco el mayordomo y a mí la misión de terminar con su vida;  José mi hermano de 6 años, también nos acompañó a la ejecución y ocultos entre el cultivo de caña, hasta los hermanos menores asistieron al fatídico suceso.

  


                                         Semblanza de un Mular Cargador de Caña.




El macho Gallinazo era un macho mular de color negro, era vivaz, de complexión y temperamento fuerte, trabajador incansable, era un cargador de caña en nuestra empinada y pendiente finca panelera, su dura faena empezaba a las 5 de la madrugada y duraba hasta las 3 de la tarde, realizaba hasta 10 viajes diarios, bajaba cargado desde la parte alta de la finca hasta el Andén del trapiche, sitio donde se encarraba la caña, para luego ser procesada en el molino exprimidor y obtener el guarapo o jugo de la caña de azúcar; el transporte de la  pesada carga implicaba por el peso e intensa fricción tener heridas en los lomos, las cuales eran lavadas con agua y jabón después de cada día de arriería, pero, al día siguiente había que volver a la faena y de nuevo, había que colocar en su ulcerado lomo y espinazo, el sudadero y el aparejo de carga, lo que hacía que los nobles y maltratados mulares tuvieran que agacharse por el dolor que sentían.






El día aciago del macho Gallinazo.
Un día cualquiera de trabajo, mientras el macho Gallinazo ascendía al filo de la montaña, siempre en dupla con otro mular, para traer caña desde el corte hasta el trapiche, fue regresado por el Joven arriero quien  informó que la mula que iba adelante lo había pateado y le había fracturado la pata; lo amarramos, lo lavamos, lo entablillamos y lo dejamos en un sitio aislado para que no fuera lastimado.
Luego, con curiosidad y angustia para exorcizar la tristeza, sobrecogido de dolor, ante el trauma sufrido por el mular, en cuyos ojos había un brillo característico de tristeza y abandono, que valorábamos como  intenso dolor físico,  tomé la decisión de ir dónde había ocurrido el hecho, cogí camino arriba y encontré en una curva cercana, a unos doscientos metros del inicio del ascenso, la mancha de sangre derramada por el mular, secundaria a la ruptura vascular y la fractura ósea; visualice todo el lugar y la curva del camino, que formaba un pequeño canalón donde obligatoriamente tienen que ir los dos animales uno tras otro y en caso de iniciar una acción de pateada por el mular que va  adelante, tendría que  golpear obligatoriamente las manos del animal  que iba atrás y no las patas, que son posteriores.  
Con este análisis dudé de la explicación dada por el arriero y observé detalladamente el teatro de los acontecimientos, encontrando una piedra de buen tamaño, de bordes filosos, impregnada de sangre y pelos negros del macho gallinazo, la recogí como evidencia de objeto generador del trauma y la llevé a mi padre; concluimos que  la casi amputación de la pata del mular no fue un accidente fortuito entre los mulares, sino, un acto violento cometido por el arriero, un mozalbete agresivo, irreverente y desconsiderado, quien, sin sensibilidad, ni previsión del daño, agrede sin humana razón,  al mular.





  
                                              El macho Gallinazo amanece con fiebre.





Lugar del sacrificio, la mata de elefante en la vega de la quebrada.

Al día siguiente, nos levantamos en la mañana, a revisar al macho Gallinazo y lo vimos con legañas, signo de muchas lágrimas y llanto por dolor,  estos, como los humanos lloran y lagrimean cuando sufren, estaba triste y empelizado (pelo parado), signos indirectos de fiebre, era caso perdido; la fiebre, una herida con quebradura de hueso, es indicador de infección grave, para la cual no hay solución.

Los hombres de granja y campo tenemos que ser prácticos,  las decisiones las tomamos rápido y con amor, el apego a lo que queremos, no nos nubla la conciencia,  tenemos las ideas claras, aceptamos que las cosas tienen fin; el dolor y sufrimiento no ameritan  prolongación de agonías, el veredicto de papá, hay que sacrificarlo.
Ante la orden recibida, yo acompañe a Francisco el mayordomo, dotados con el revolver Smith Wessum de mi padre; al desfile ejecutorio se unió mi hermano José de 6 años,  con el animal cojeando llegamos hasta el sitio elegido en la vega de la quebrada y cerca de una frondosa y verde mata de pastura  de elefante, elegida como sitio del sacrificio, cometimos el crimen más horrendo del que tengo memoria; supuestamente la muerte debería ser rápida y sin sufrimiento, pero, el mayordomo no tenía experiencia en el sacrificio de animales y la cosa, salió muy mal.
Francisco esgrime el arma de fuego y dispara un tiro en la cabeza, impactando en el centro de la frente del mular, por el pequeño orificio empieza a brotar un chorro de sangre, el macho gallinazo nos mira y  voltea hacia la mata de elefante a comer el pasto, que regaba con su propia sangre, pasados 5 minutos  el animal no moría y no daba signos de doblegarse,  la angustia se apoderaba de todos los asistentes al macabro acto, recibió 2 balazos adicionales, que tampoco acabaron con su vida, ante tan terrible situación francisco decide degollarlo, con machete en mano tuvo que asestar 3 violentos golpes de corte en el cuello del animal, que por sangrado masivo al fin se doblega y cae, para luego fallecer.
Regresamos a la casa sobrecogidos de dolor y desazón, contamos a papá la ignominiosa muerte de nuestro macho Gallinazo, quedando marcada en la memoria tan triste y doloroso recuerdo del funesto suceso.
La labor del entierro del animal fue continuada por el infatigable e incondicional Francisco.


Carlos Mario Pereira Yepes.

Octubre 4 de 2018.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

CUENTO DE LA VACA GATA



                                                            












                                                              PRÓLOGO 






Yo, soy hijo de leche.

Nuestra familia campesina debe gran parte de lo que hoy somos a la VACA GATA, sin ella tal vez hoy no seríamos los mismos, la leche y la descendencia de nuestra recordada vaca, crearon las bases económicas para la manutención y educación de 8 hijos:
modista, médico, enfermera, ingeniero agrónomo, asistente médico, militar, administradora de empresas y Odontólogo.

Comprar los productos del país, da a nuestros campesinos sustento, provee estudio y es generadora de oportunidades para los niños de nuestro campo, hace patria.


                                                                                     CARLOS MARIO PEREIRA YEPES.  










    
                      CAPÍTULO I




Mi familia, la tranca de comino, los miedos.

La tranca de comino representaba la seguridad, la esperanza de vida, la posibilidad de sobrevivir y tener un futuro sin dolores generados por la violencia.

Hace ya mucho tiempo, mediados del siglo pasado, año 1960, nací en Rio Verde, corregimiento de Nutibara, en Frontino, fui el segundo hijo de una familia que crecía.
Recién pasada la violencia liberal-conservadora, llegaron vientos de paz, aunque aún con persistencia de temores, porque no faltaban amenazas, tuvimos que poner trancas de madera (comino) en las puertas y ventanas de la casa para ahuyentar los miedos a ser asesinados y sentir un poco de seguridad.

Los sueños y pesadillas recurrentes en mi infancia era que llegaban asesinos y descuartizaban a Papá y mamá y yo me quedaba desolado, triste y sin saber qué camino emprender con mis hermanos pequeños; gracias a la providencia solo fueron pesadillas que angustiaban mi alma de niño, pero que nunca se hicieron reales, al menos para nosotros.

En medio de dificultades, con escasa ropa y en ocasiones con zapatos rotos, pero, siempre con alimentos, vivíamos en la finca del abuelo, había cultivo de caña y se producía panela, mi papá era el vueltero de la finca (oficio de hacer todos los trabajos de una máquina panelera), mi madre dedicada a la procreación de una familia grande, (8 hijos) a llenarnos de amor y valores; habitábamos en una casa campesina y humilde, con agua de nacimiento y letrina que contaminaba la cercana y pequeña quebrada (riachuelo), tenía paredes y piso de tabla que separaba el subterráneo al que con mi pequeño cuerpo podía acceder a sacar los huevos de las gallinas que formaban sus nidos allí, el techo de Zinc en el que, la caída de la lluvia, arrullaba con su golpeteo en la noche nuestros sueños e ilusiones y los 4 escalones de tablones de madera cruda que daban acceso a nuestro corredor protegido por chambrana de macanas que eran la imagen de los escalones para subir, escalar y llegar a la meta, alcanzar el hogar, recuerdo que me tenía que agarrar de la escala superior para poder subir, solo tenía un poco más de dos años.


















            CAPÍTULO II

Chispazos de la memoria, la casa de tablas, recuerdos de Frontino, las palabras difíciles de pronunciar a mis 2 años de edad.

plica de memoria de nuestra casa campesina de tablas, techo de zinc, chambranas de macana, escaleras de madera, solo 2 puertas, una en la cocina y otra para la única habitación de dormitorio, en cuya pared posterior estaba el ingreso a una bodega donde se guardaban las cosechas de maíz, con mazorcas colgadas del techo y tablas laterales, además de fríjol, racimos de banano madurando colgados, ademas, de algunos aperos y sillas para los caballos, era un sitio oscuro en el que sentía temor al entrar, pero, había que hacerlo en muchas ocasiones; para la fecha yo tenia 2 años largos de edad.



Corría el año 1962, finales del segundo semestre, ya tenía 2 y medio años y a pesar de tener un léxico al parecer amplio, dicen mi padre y madre, recuerdo tener dificultades con algunas palabras, decía PEQUILUCA, mucho esfuerzo y tiempo requerí para corregir y decir PELÍCULA, tenía 2 hermanas Tota (Rosa) la mayor y Toña (Margarita) la menor.

Mi papá para el año 1962, orgulloso de su pequeño y hablador hijo, me llevaba todos los sábados de Nutibara hasta Frontino, viajábamos en el capacete de un camión porque yo me mareaba en el viaje, hasta 1 hora y media a través de un sinuoso y escarpado carreteable veredal; allí en la cabecera municipal se realizaba la comercialización de la panela que surtía todo el occidente antioqueño y hasta el lejano Urabá (para esa época).

Allí visitábamos a los más queridos tíos de papá, Jesús y Robertina, ella me daba los más deliciosos deditos de azúcar que recuerdo, el tío Jesús era según mi memoria muy blanco, sin pelo y de ojos claros, con sonrisa amable pero con chispa picaresca, me llamaba cariñosamente el GUAGANO, porque yo  en infantiles palabras le decía:  
Yo teno en la finca un guaguano (marrano).

También recuerdo de los sabatinos viajes a Frontino, mi atuendo campesino elegantemente dispuesto de sombrero, carriel y poncho.
Cerca de la majestuosa y hermosa catedral gótica clásica que embellece y enorgullece mi tierra natal, adornada con sus elevados y picudos pináculos, su refinado rosetón central y sus naves perfectamente iluminadas, su altar central con imagen de la asunción de la virgen al cielo y en su atrio cerca de la Tienda de Braulio Gaviria tío de mi padre, me realizaron una foto en un caballito de madera que yo jineteaba, se ha perdido físicamente, pero sigue viva en la memoria, ¡apareció el caballito de mis primeros recuerdos¡


Tengo memoria de mi casa de tablas, pero, no recuerdo cuando la derribaron, nos trasladamos a vivir a un zarzo en el trapiche panelero, especie de mansarda con techo muy bajo, piso de tabla, entretecho de caña brava y techo de teja de barro, habitado por nosotros: Papá, Mamá, Tota, Maio y Toña, además de miles de cucarachas paneleras y muchos ratones; estaba localizado sobre la bodega panelera donde se guardaban los aparejos de las mulas y se empacaba la producción panelera de cada semana, allí tambien se encontraba la caneca de la melaza con que se suplementaba la alimentacion de mulas y marranos.

Recuerdo también, mientras viviamos en el zarzo, cuando mi hermana Toña (Margarita) estaba masticando algo y es interrogada por mamá, ¿usted que esta comiendo? A lo que ella respondió, caanee, mamá inmediatamente introdujo los dedos en su boca y le extrajo, tan solo pocos restos masticados de una cucuracha verde, que se había engullido, explicacion que damos por cierta, como causa del fastidio permanente que le quedó por la carne, todo le sabe a cucaracha, a rincón, a trapo sucio, a mesa de carnicería y otros sabores raros aun no descritos en la literatura universal.

Recuerdo de manera nebulosa la explanacion y unos canales en la tierra, los cuales fueron llenados de piedras para hacer los cimientos, para mediados de marzo de 1963 nos trasladamos a vivir a la nueva casa de ladrillos a medio construir, con piso aún de tierra, algunas paredes de ladrillo a medio terminar y  el 19 de marzo de 1963 dia de mi tercer cumpleaños, nació mi hermano Jose, quien era el 4 vástago de nuestra familia, era un niño bonito, de una blancura de piel que iluminó nuestro hogar y que fué y sigue siendo mi compañero de niñez y de vida y quien me genera los mas grandes afectos de hermandad, afecto y gratitud, lo llamabamos Chepe.
En años posteriores papá nos prohibió llamarnos por los nombres de disilábicos infantiles que  como niños pronunciamos en los primeros balbuceos linguisticos, Tota (Rosa), Maio (Mario), Toña (Margarita), Chepe (José), Tilena (Beatriz Elena), obligandonos a utilizar los nombres de pila, ya que nuestro lenguaje era mas fluido.
Solo quedaron con nombres entrecortados Menche (Mercedes) y Riche (Ricardo), Victor nunca tuvo nombre entrecortado.






















                                                             CAPÍTULO III


Las visitas al abuelo Ricardo Pereira y a nuestra familia Gaviria, corría el año 1963.

El sábado en Frontino era un día especial, nos conectábamos con el cariño y afecto de todos nuestros familiares, visitábamos primero al abuelo Ricardo, una de las personas más maravillosas que se cruzó en mi vida, fue tierno, cariñoso, amable y fue él, con sus relatos y tradición oral, quien me narró la historia de los Pereira; me contó las hazañas gloriosas de sus antepasados, José Francisco y Manuel Pereira Martínez próceres de la independencia colombiana, el primero abogado y secretario privado del presidente Simón Bolívar y Manuel quien luego se radicó en Buriticá dedicado a la explotación de oro y dio origen a toda la progenie Pereira de Antioquia, fue el padre de Felipe N, Leonardo y Froilán Pereira, este a su vez padre de Víctor Manuel Pereira Higuita nacido en Buriticá (1.860 -1907), quien en 1880 se radicó con su esposa Bertoldina Restrepo Goez en Juntas de Rio verde, en territorios de caza y pesca habitados por Indígenas Emberá catios; fue el primer Inspector del corregimiento, y padre del abuelo Ricardo Pereira Restrepo (1.900- 1.989).

Luego visitábamos a mamá lila, mi bisabuela, esposa viuda de Alejandro Gaviria Covaleda y madre de todos los Tíos maternos de papá, los Gaviria Pérez.
Me agradaba mucho la casa de estilo colonial de mamá lila, tenía escaleras de madera, que llegaban al segundo piso de amplios corredores, un jardín florecido con canastas colgantes y  grandes habitaciones circundando el corredor; SANDER el perro de la tía candelaria me hacía llorar de miedo cuando me perseguía.

Continuaba la visita en casa de Virgilio Gaviria, luego visitábamos la casa del negro Gaviria y la prima Amparo, donde me admiraba con la niña de ojos grandes, color de almendra madura, que después de muchos años sin verlos, aún recuerdo.

Luego visita, en la esquina de la iglesia a los tíos Jesús y Robertina de grandes afectos.

También visitábamos los primos segundos de papá, en la farmacia “Hijos de Cástor Gaviria” más conocidos en el pueblo como “los pollos”, el negro Cástor, Gustavo y Arturo, así los recuerdo.

Bajando por la calle principal llegábamos a la tienda de Ceno Arbeláez esposo de la tía Ana María Gaviria, a quien siempre encontrábamos y nos daba la torta de nata y los dulces deliciosos que en su casa nunca faltaron, la tía Ana María hablaba sin tapujos, era inteligente y muy cariñosa conmigo.

Luego visita a las muchachas, mis tías, las hermanas de papá, quienes fueron muy consideradas y afectuosas conmigo. Las tías Elvira, Tulia y Virgelina, aún solteras y Libia quien me daba todos los regalos que podía, zapatos y ropa, me enseñó las primeras letras y me regaló el libro de las fábulas de Esopo, que papá me leía todos los días, la tía Aminta vivía en Sabanalarga (Ant), para esa época no la conocí.

El 22 de noviembre de 1963 se produjo el asesinato de presidente John F. Kennedy, quedó grabado profundo en mi memoria; escuchábamos los comentarios del sepelio, transmitía la Emisora “la Voz de Antioquia” solo recuerdo el siguiente fragmento: El féretro del presidente John F. Kennedy está siendo llevado en una carroza tirada por dos caballos blancos, que confirme como hecho real y no imaginario de mis primeros recuerdos, cuando visite el cementerio de Arlington.
Es todo lo que recuerdo de mi tercer año de vida.


















                                                         CAPÍTULO IV





1964 COMPRA DE LA VACA GATA.    

Para mediados del año 1964, nuestra familia ya contaba con 4 hijos y el rancho ardiendo, mamá desde que recuerdo estaba barrigona, yo no sabía porque, pero cada 13 meses crecía la familia y las necesidades iban aumentando.

Según mi abuelo Ricardo, mi papá y casi seguro nuestros ancestros, todo hombre que inicia la gran empresa de la vida, requiere una mujer para formar un hogar y debía ser escogida como se escogen las vacas, por la raza, tenía que ser hija de una buena mama, para obtener de ella las mejores crías y además tener hembras de varias especies animales: una yegua, una marrana, una vaca, gallinas.

Así empezaron papá y mama y los hijos nacidos, teníamos buena MAMA, yegua para el transporte, gallinas para carne y huevos, marrana de cría, que dieron pie al sustento alimenticio y a unos exiguos ahorros; nuestra marrana parió 9 marranitos, el último en nacer fue el cacique, el más pequeño, era un marranito calungo (sin nada de pelo), los caciques casi siempre se mueren por ser prematuros y débiles, normalmente no tienen futuro y fallecen, por esa razón fue obsequiado a mamá para que con sus cuidados, pudiera tener posibilidades de vivir, desde que nació fue alimentado con tetero, creció y llego a ser el marrano más gordo y bonito de la camada, pero, aún nos faltaba la Vaca.

Con los ahorros que se obtuvieron de la venta de los cerdos y otros pesos obtenidos del trabajo diario, viajamos Papá y yo a Frontino a la feria, realizada en la plaza, teníamos el objetivo de comprar una vaca lechera y allí la vimos, con sus pintas blancas y negras, de primer parto, con una ternera y una preciosa y grande ubre; su propietario el Señor Enrique Gaviria la negoció con papá por 1.600 pesos, se llamaba LA VACA GATA, encerrada en una corraleja hecha de Guadua y Tablones, por los que logré trepar y conocer nuestra Vaca y su ternera.

Regresamos a Nutibara (Juntas de Rio verde) con la ilusión de que pronto nos enviarían la vaca desde Frontino, no recuerdo exactamente, pero, tardó varios días en llegar a la Finca, donde no había potrero para tenerla (finca de caña panelera), conseguimos dejarla en el potrero de una Finca vecina del Sr. Alberto Agudelo; para esta época tenía 4 y medio años de edad y mi tarea era ir por la Vaca todos los días antes de las 6 de la mañana y cabalgando en esta, llevarla hasta el ordeñadero, donde se extraía el preciado alimento lácteo, la ternerita que en la noche permanecía en el encerradero (corral de los terneros) la llamamos la CHEPA, en honor a nuestro hermano menor CHEPE (José).
El ordeño producía 16 litros de leche en la mañana y 5 litros en la tarde y fue el principio de nuestra pequeña empresa lechera, se vendía parte de esta y mamá regalaba algo a personas sin recursos que tenían niños recien nacidos y que cada día bajaban buscando el producto; también llevaban niños prematuros y raquíticos a recibir un baño de leche caliente que se recomendaba en esa época para ellos, quienes sostenidos por sus madres recibían directamente desde la teta de la Vaca un chorro de leche caliente ordeñado por papá, que cubría todo el cuerpo del niño, luego eran secados al sol, tal vez mito, pero así se realizaba, complementado con la leche obsequiada por mi madre que contribuía al mejor estar de familias de escasos recursos.
La vida en la finca de nuestros ancestros giraba en torno a mamá.
Como diría el poeta José Maria Gabriel y Galán en Fragmentos de
‘’EL AMA’’

Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz la tierra!

¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!

La vida en la alquería giraba en torno de ella, pacifica, amable, monótona y serena

¡Oh, cómo se suaviza
el penoso trajín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!
¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,
y cuánto por la casa se interesan,
y cómo ellos la cuidan, 
y cómo Dios la aumenta.   
















                                                          CAPÍTULO V



LA VACA GATA CREADORA DE BIENESTAR Y DE HISTORIAS FELICES DE NUESTRA FAMILIA.

Ya contábamos con leche, queso, nata que convertíamos en mantequilla y que alimentaban a nuestra gran familia.

Los excedentes de leche eran monetizados y reconvertidos en inversiones de más ganado, contribuyendo a mejorar la condición socioeconómica.

Las crías hembras de nuestra Vaca crecieron y producían leche y más crías, en 12 años se convirtieron en un pequeño hato lechero, aumentando nuestra microempresa familiar.

La pequeña bonanza permitía mayor estabilidad, educación, prendas de vestir, alimentación y hasta un vehículo Willys modelo 48, que tenía muchos problemas mecánicos, pero que afortunadamente no terminó con nuestras vidas, ya que le fallaban los frenos con alguna frecuencia.

Para los años siguientes empezaron a visitarnos los primos mayores, los Yepes Gutiérrez, Julio con su guitarra, sus borracheras, sus aventuras amorosas juveniles y sus canciones de la época (los ejes de mi carreta y que culpa tiene el tomate), siendo Niño me tocaba ir a buscarlo a sus escondites cerveceros por orden de mamá; Augusto más pinchado y aristocrático, Luz Elena (Nena), John Jairo más sencillo y cercano, quien cantaba: “encontraron a don Gollo, muertecito en el arroyo”, y Adriana, mi traga, ellos nos llevaban a la vereda los ritmos musicales de la época, que se escuchaban en la capital antioqueña y a quienes admirábamos y queríamos porque compartían con nosotros todas las navidades.

Para 1970, llegaron a vivir a Nutibara, el tío Humberto y su esposa Marina, los primos Sonia, Hernan Darío, Olga lucia, Víctor y Cristina quienes fueron nuestros primos cercanos y queridos con quienes más compartimos recuerdos y momentos.

También llegaban para navidad los primos Villa Yepes, que eran de nuestra edad y compartíamos las pilatunas de la niñez, Julio serio, amable y respetuoso; Jorge, hiperactivo, incansable, quería tragarse el mundo, construíamos pozos en el riachuelo de la finca, taponándola con maderos y matas de heliotropo que cortábamos con cuchillos de cubiertos de cocina que se quedaban perdidos a la Vera del Bullaque;
por ser tan inquieto recibió una juetera de mi padre que era ligerito de manos con la correa; cuando terminaron las vacaciones agradeció a Dios y expresó de manera contundente “Siquiera me voy de este infierno Verde, aquí no vuelvo”, pero, volvió, porque Nutibara era el centro vacacional de toda nuestra extensa familia y de los más grandes recuerdos para todos.

Todos nuestros primos, tomaron leche de la Vaca Gata y hasta aguardiente en las fiestas navideñas, que también subsidiaba en alguna medida nuestra Vaca y su descendencia.

De nuestra Vaca Gata y su descendencia, sacamos los recursos para vivir y estudiar y hoy después de 50 años es bueno reconocer a nuestra querida Vaca Gata, todo lo que hizo por la familia Pereira Yepes.

FIN

CARLOS MARIO PEREIRA YEPES.

Agosto 26 de 2018. 










                                                     AGRADECIMIENTOS



   A LA MEMORIA DEL ABUELO RICARDO.





Dichos familiares.
Del abuelo Ricardo y de mi padre, recogidos de los recuerdos.

Las esposas se escogen como las vacas, por la raza, hay que conocer la mama, una buena mama, da una buena hija.

El gallinazo y mi abuelo se fueron para Cataluña, el gallinazo volando y el viejo echando uña.
Yo soy como el sándalo, que perfuma el hacha que lo hiere.  
Y como olvidar el abuelo incansable para la rumba, la alcahuetería y la compinchería; en las fiestas de la panela cuando nos decía a los nietos a las 4 am: mis hijos, búsqueme muchachas para bailar, o cuando en Frontino invitaba a mamá a las 8 a.m. a la terraza  a tomar tinto envenenado (aguardiente en pocillo tintero), siempre tratando de dar gusto y de ofrecer lo mejor, para hacernos sentir bien, sobre todo a los nietos y a mamá.              
Hombre machista, pero, tierno, amoroso y muy respetuoso, siempre llevaba de regalo a mamá un tarro de galletas cuando nacía un hijo hombre, pero, cuando nacían niñas, de corazón le decía: mija, esta vez no se ganó el regalo.

La canción favorita del viejo Riche,
LA PALOMITA
Qué bonito que cantaba
la palomita en su nido,
la palomita en su nido,
abriendo el pico y las alas
como si hablara conmigo,
como si hablara conmigo.
Sí, ay, ay, ay, mi palomita
me has robado toda el alma,
tuita, tuita, tuitita,
ya no cantás, palomita,
ya no cantás, palomita.

Acuérdate, palomita,
cuando en mis brazos dormías,
cuando en mis brazos dormías,
cuando la sed te apuraba,
de mis lágrimas bebías,
de mis lágrimas bebías.
Sí, ay, ay, ay, mi palomita
me has robado toda el alma,
tuita, tuita, tuitita,
ya no cantás, palomita,
ya no cantás, palomita.
Ya se fue mi palomita
al pago donde nació,
al pago donde nació.
Qué mares hay por el medio
pa´que no pueda ir yo,
pa´que no pueda ir yo.
Sí, ay, ay, ay, mi palomita
me has robado toda el alma,
tuita, tuita, tuitita,
la donosa palomita,
la donosa palomita.
      
El día de la velación del abuelo Ricardo (14 abril 1900-18 marzo de 1989), con intenso dolor, pero, con un agradecimiento y alegría sincera, hicimos a nuestra manera una gran fiesta, lloramos, reímos, recordamos sus cuentos, sus historias, su bondad; cantamos sus canciones y al día siguiente, fuimos a sacar los restos de la abuela Rosa Amelia Gaviria Pérez, preparando la última morada del abuelo, ella, ya convertida en polvo, lo único perecedero que no destruyeron los años, fue una cabellera de color rojo cobrizo que hoy veo reflejado en mis hijos.

















                                                    A LA MEMORIA DE MAMÁ.




                        



A la mujer hermosa, la de fina figura, la de suaves y respetuosas maneras, la mujer educada, la mujer de oficina, a la de tono suave y ternura infinita, a la que es capaz de dar la vida por lo que ama; y que tuvo el valor de enfrentarse a un potro chúcaro, indomable (mi padre), en medio de dificultades, pero, sin saber retroceder y siendo el estandarte de avanzada de nuestra familia, enfrentada con el destino, con las limitaciones, pero, llena de amor y como una fiera, defendiendo sus principios y valores, aprendidos en el hogar de la mano de su padre  Julio Cesar, hombre sereno, amoroso, luchador en medio de infinitos dolores, abnegado, creyente y piadoso y luego, sembrados hondo en el alma de todos los Pereira Yepes; a ella nuestro amor y respeto.
Fue esposa inigualable, madre sin tacha, produciendo cada día remedios para el cuerpo y el alma; sin dormir en las noches de la tosferina, en las noches del sarampión, en las noches de la hepatitis, de las amigdalitis, haciendo de médico e inyectando Biconcilina, cuando teníamos fiebres que no cedían, y hasta ofreciendo a mi Dios a  su hijos, cuando sentía que alguno estaba a punto de sucumbir en la enfermedad.
La madre que apoyó y reconfortó en momentos de flaqueza de sus hijos, recuerdo su frase de ataque a la adversidad, cuando nos sentíamos impotentes o frágiles en algún instante: “mijo, no se preocupe, eso, no vale la pena, algún día lo logrará y si no lo logra, debe entender que uno no puede ser bueno en todo”.
Cuando tenía 4 años, viendo a Nicolasa llena de arrugas, la bruja del pueblo, mujer humilde y pobre, de ternura también infinita, de escasa sonrisa y de profundas arrugas dadas por los años y el hambre, quien se sentaba con mi madre en la cocina de la vieja casa de tablas, le dije a mamá, que cuando estuviera viejita y llena de arrugas como Nicolasa, no la iba a querer, pero, es que era tan joven y hermosa y yo tan niño, que nunca pensé que envejeceríamos; hoy mi madre a sus 80 años, está más hermosa que nunca, la adornan los méritos de una vida entregada al servicio de la familia y los mismos valores que ha cultivado desde su infancia.
Como disfruto con ella los aguardientes y el baile, con el ala quebrada, que en familia conocemos.













    A LA MEMORIA DE MI PADRE, EL POTRO CHÚCARO.


Hijo único hombre, en medio de 5 hermanas mujeres, contemplado, resabiado, irascible, amoroso, tierno, sonriente, macho, enamorado, trabajador, capaz de hacer reír con sus cuentos, de enternecer con versos y también hacer llorar con sus nostalgias y tristezas.
Sus comidas, eran nuestras comidas, a cada uno nos daba una cucharada de sus propios alimentos y nos decía: bocado de reina, llegando en ocasiones, casi seguro a quedar con hambre por darnos su comida.
Él fue capaz de tirarse al suelo y en cuatro patas montar a sus hijos a caballito, sobre sus espaldas, hasta caer rendido; hacernos cosquillas, mordernos; luego lavada de dientes, aplicando la crema dental en cada uno de los cepillitos y después rezar el rosario cada noche, formados en fila india, después de la comida.
Siempre que viajaba nos traía cositas ricas, pasteles y frutas.
Me enseñó el amor por las letras y la poesía; entre los 4 y 5 años recitaba poemas, sonetos y prosas extensas que nunca he olvidado y que aun recito con mi padre, prosa a prosa.
A pesar de su energía y fortaleza que en ocasiones dolía, en vez de hacernos sentir débiles, nos estimulaba al sacrificio, a la superación y al crecimiento, nos enseñó a no desfallecer, a luchar, a no sentirnos vencidos, ni aún vencidos; a no sentirnos esclavos, ni aún esclavos y rematando, arremete feroz y toma el tesón del clavo enmohecido, que ya viejo y vuelve a ser clavo.












[1]                                       CUENTO DE LA VACA GATA. 

Autor:
Carlos Mario Pereira Yepes.
Dedicada:
A mi familia y a todos los campesinos que en el campo y con la leche, construyeron  vida, futuro y patria.
Fecha:
26 Agosto de 2018
Tema:
Nuestra Vaca Gata, a FRONTINO el terruño donde nacimos, la vida del campo, memorias de días muy felices.[2]



[1] {Citation}
[2] {Citation}